Anconatani-Plantas-andinas
Entre humos, bebidas y akulliku. Reflexiones sobre plantas ceremoniales en el mundo andino
Resumen
Las plantas ceremoniales como la koka, el wachuma, la achakana, el sayri y el maíz –que es empleado para la elaboración de la chicha– son plantas andinas que han perdurado desde los tiempos prehispánicos. Lograron sortear la censura y la estigmatización que sufrieron las prácticas ceremoniales y sus oficiantes y se transformaron en el reservorio de la medicina y la espiritualidad, un conocimiento que perdura y que solo se abre para quienes saben cómo emplearlas de manera correcta. Descubrir los amautas andinos, cuáles son algunas de sus implicancias y por qué los naturalistas y religiosos les temieron tanto, son algunas de las cuestiones que se abordan en este trabajo y que permitirán reflexionar sobre las plantas, sus usos, sus formas de preparación y el modo en que estas habitan en el mundo andino.
Abstract
Ceremonial plants such as koka, wachuma, achakana, sayri and maíz –which is used to make chicha– are Andean plants that have survived since the prehispanic times. They managed to overcome the censorship and stigmatization suffered by ceremonial practices and their officiants and became the reservoir of medicine and spirituality. This knowledge that endures and is only available to those who know how to use it correctly. Discovering who the Andean amautas are, what are some of their implications and why naturalists and religious people feared them so much are some of the issues that are addressed in this work and that will allow to reflect on the plants, their uses, their forms of preparation and the way in which they inhabit the Andean world.
Introducción
Tayta Ullpu1, mayor con conocimiento, aysiri y profesor de runa simi (lengua quechua), sostenía que en el mundo andino las plantas enseñan, viven y acompañan. Tienen nuna, como la tienen los seres humanos y otros convivientes del mundo andino. Es posible asemejar el concepto nuna al de “alma”, si hacemos una traducción literal aproximada del runa simi al castellano (castilla, diría Tayta). Pero siempre traducir es complejo ya que la lengua de un pueblo no se reduce a palabras aisladas, sino que son en un cosmos que les permite ser, que les da lugar y las dota de un sentido propio y particular.
Las plantas son generalmente descriptas en las clases de biología –o de botánica– como un conjunto de órganos (raíz, tallo, hojas, flores, etc.), compuestos por tejidos (epidermis, parénquima, xilema, etc.) los cuales están constituidos por células (estomas, tricomas, etc.). Pareciera que a veces en estas clases se aísla a las plantas y se las describe como objetos inanimados, descontextualizados; en dos palabras: sin vida.
Se torna necesario reflexionar sobre cómo aprendimos a ignorar la vida en las plantas hasta transformarlas en meros objetos de decoración o en máquinas de producción de principios activos al servicio del mercado. Cuando les cortamos una de sus hojas no reparamos en si les duele, si sufren o si les molesta. Es cierto, no hay que ser extremistas, muchas veces las vemos, pero ¿realmente valoramos su existencia; nos percatamos de que las plantas producen el oxígeno que respiramos, los nutrientes que nos alimentan y tantas otras vitalidades?
Retomando las enseñanzas de Tayta Ullpu, las plantas tienen “nuna”, “alma”, “espíritu”, “ánimo” o algo que las dota de existencia viva; una energía, un soplo. Aunque eso actualmente la ciencia no lo enseña, ni lo discute, solo se enfoca en su materialidad.
Este artículo no pretende entrar en disquisiciones filosóficas sobre la vida de estos seres del cosmos sino hablar sobre algunas plantas andinas ceremoniales o enteógenas (en el decir nuevo de la ciencia). Sin embargo, para complementar la filosofía andina de Tayta Ullpu la cual en parte estructurará este texto, resulta pertinente la reflexión de Emanuel Coccia, un filósofo occidental enmarcado en lo que se da en llamar el giro vegetal, quien sostiene que:
Las plantas son el caldo primigenio de la tierra que permite a la materia devenir vida y a la vida volver a transformarse en ‘materia bruta’ […] El aire que respiramos no es una realidad puramente geológica o mineral –no está simplemente ahí, no es un efecto de la tierra en tanto que tal–, más bien es el soplo de otros vivientes. Es un subproducto de la ‘vida de otros’… dependemos de la vida de otros.
Somos múltiples seres en devenir y en constante relación. Como decía Tayta, con la wiphala en sus manos, de qué se trata el mundo según los andinos: “de la unidad en la diversidad”. Esto que hasta aquí nos preguntamos y discutimos brevemente nos servirá para ver a las plantas a lo largo de este texto de manera especial, o al menos, volver a recordar que también son seres vivos múltiples y diversos a (y como) nosotros.
De amautakuna a “hechiceros” y de “hechiceros” a amautakuna
Los primeros datos escritos sobre el empleo de las plantas por parte de distintos pueblos originarios del continente es posible encontrarlos en los textos de los jesuitas y expedicionarios. Estos religiosos, naturalistas, historiadores y funcionarios de la colonia se ocuparon de recopilar las costumbres, los saberes y la historia de los territorios donde anduvieron. Ahora bien, es importante tener en cuenta que estas recopilaciones fueron realizadas a la luz de las teorías científicas de la época, en plena vigencia en Europa de donde provenían estos religiosos. Por ello, muchas veces los datos plasmados en sus libros son interpretaciones propias de lo que muchos originarios intentaron trasmitir o incluso observaciones no participantes y mal intencionadas de los autores para condenar prácticas culturales y ceremoniales ancestrales.
Como era de esperar, estas obras están repletas de sesgos hacia algunas plantas, y no es casualidad que aquellas de uso ceremonial sean las más censuradas. Del actual territorio argentino, un ejemplo de ello se observa en la obra de Pedro de Montenegro de 1710. En medio de la descripción de una planta, condena al war war (Brugmansia spp. –Solanaceae–):
[…] muy lozanas y lucidas, así en flores como en ojas; pero muy vacias de virtudes, y lo que mas es muy dañosas y nocibas, como son los floripondios, y otros muchos que yo conozco, y por sus perniciosas cualidades dejo en silencio; pues casi todas ellas son venenosas, que de estas ni nombrarlas pretendo, porque como dejo dicho, es cierto, que no conviene, porque dado caso, que el que lo lée no haga daño por su mano, puede hacerlo diciendo á otros, por modo de amistad ó confianza, y con dichas confianzas ó amistades de ordinario para la noticia en ánimos crueles y vengativos; de á donde se han seguido la muerte á muchos […]
En otra parte del Tawaintisuyu, Bernabé Cobo escribía en su “historia del nuevo mundo” del año 1653 sobre otra planta andina la wachuma2:
Es ésta una planta con que el demonio tenía engañados a los indios del Perú en su gentilidad; de la cual usaban para sus embustes y supersticiones. Bebido el zumo della saca de sentido de manera que quedan los que beben como muertos y aún se ha visto morir algunos por la causa de la mucha frialdad que el cerebro recibe.
La estigmatización que sufrieron muchas de las plantas ceremoniales andinas, recayó especialmente sobre la Koka (Erythroxylum coca Lam. –Erythroxylaceae–), sin duda, la planta de mayor importancia para el mundo andino. Un informe realizado en el año 1685 por Thomas de Ballestero, por orden de Melchor de Navarra, Virrey del Perú, refiere:
Somos informados que de la costumbre que los indios del Perú tienen en el uso de la coca, y su granjería, se siguen grandes inconvenientes, por ser mucha parte de sus idolatrías, ceremonias y hechicerías, y fingen que trayéndola en la boca les da más fuerza, y vigor para el trabajo, que según afirman los experimentados es ilusión y Demonio, y en su beneficio perecen millares de indios, por ser cálida y enferma la parte donde se cría.
En virtud de lo hasta aquí reseñado, es posible observar cuál era la concepción de la época sobre un otro desconocido, distinto y por ello temido y estigmatizado. Ahora bien se torna necesario abordar desde otra perspectiva a estas plantas “del demonio”, que “sacan el sentido”, capaces de generar “daño”, empleadas en ceremonias por “hechiceros idolatras” y que eran entendidas como “generadoras de ilusión”, “embustes” y “supersticiones”.
Para ello, se emplearán los saberes de Tayta Ullpu sobre la nación qheshwa para entender desde otro punto de vista, el de la tradición oral, de qué se trata todo esto.
En el mundo andino, se realizaban y se realizan distintas ceremonias para agradecer, honrar y solicitar ayuda entre otras acciones, a los distintos planos o espacios del cosmos (Janan pacha o espacio de arriba; Kay pacha o espacio presente y Ukhu pacha o espacio de abajo o interno) y a los diversos seres que los habitan. Para llevar a cabo estas ceremonias espirituales y medicinales, son distintos los amautas especialistas que intervienen e intervinieron a lo largo del tiempo con experticias bien delimitadas. El yachilli es aquel amauta que tiene el conocimiento de la hoja de koka, es el que diagnostica mediante la lectura de estas hojas sagradas. Este especialista no solo se ocupa de diagnosticar el tipo y origen de la enfermedad, sino también de cualquier aspecto de la realidad que sea susceptible de consulta, como la suerte, el clima, entre muchas otras. El janpiri, es aquel amauta que emplea los jampi (remedios vegetales, animales y minerales) para tratar las enfermedades del cuerpo físico, siempre con la intención de devolver a la persona su equilibrio o estado de buena salud. El aysiri, tiene la sabiduría para tratar las enfermedades vinculadas al cuerpo extra físico, relacionado con ese concepto complejo antes mencionado, nuna. Para ello, emplea las plantas, los animales y minerales, y principalmente sus saberes espirituales utilizando como instrumento la janp’ara o “mesa ceremonial”. Por último, el paqo, era el amauta que tenía contacto con el espíritu de la montaña, del aire, del agua y del fuego y quien por su sabiduría llevaba a la gente a armonizar, con estos seres, para retornar al equilibrio; y el malku, grado más alto de sabiduría “amáutica”, era quien tenía contacto con el espíritu del Kuntur (cóndor). Estos últimos dos son estatus “amáuticos” andinos de los cuales no se conocen representantes en la actualidad.
Esta clasificación de los amautas andinos y sus incumbencias resultan importantes porque como señalaba Tayta Ullpu:
Estas plantas no deben ser manejadas por cualquiera sino por aquellos hombres y mujeres que tienen conocimiento desde los orígenes. Pero lamentablemente hoy en día hay mucha gente que quizás no tiene la raíz originaria, pero lo manejan a través del comercio y eso lamentablemente es un búmeran. En algún momento le puede golpear, ¡lo golpea al cerebro y chau! no hay vuelta… Pero sí los abuelos que tiene manejo de estas [plantas] tienen porque si va a fortalecer el espíritu, va a fortalecer el cuerpo, va a fortalecer su mente, su forma de vida […].
Algunas plantas ceremoniales y enteógenas en el mundo andino
Chicha o Aqha. La chicha o aqha, una preparación alcohólica empleada durante las distintas ceremonias y también consumida como bebida tradicional. Se trata principalmente de una bebida fermentada preparada a partir de frutos y/o semillas, dependiendo de la abundancia de las especies en la región y de la época del año. Entre ellas podemos mencionar, chicha de maíz la cual es una bebida preparada a partir de los frutos fermentados de sara (Zea maíz L. –Poaceae–), los maíces empleados no solo son las variedades blanca y la amarilla, sino también el maíz morado y el maíz kuti, entre otras variedades andinas3.
Esta antigua bebida data de los tiempos preincaicos y ha tenido una gran distribución en las regiones andinas del sur del continente. Prácticamente la mayoría de los escritores naturalistas, religiosos y curiosos (entre ellos José de Acosta, Bernabé Cobo, Cristóbal de Acuña, Pedro Lozano, José Guevara, entre otros) que publicaron sus observaciones sobre distintos sitios del sur del continente dan interesantes datos sobre esta bebida y su preparación. Una forma tradicional de preparación de la chicha consiste en mascar los frutos de maíz, los cuales se depositan en un recipiente para obtener una pasta homogénea conocida como muk’u. Se coloca agua y se incorpora esta preparación en un recipiente denominado wirkhi, el cual se encuentra provisto de una qaywina (batidor con forma de remo) con la cual se mezcla hasta obtener una pasta fluida la cual se deja en reposo. Se emplea luego una ch’uwachina, una especie de tamiz cilíndrico de mimbre o caña hueca con forma de canasta el cual se utiliza para clarificar la preparación la cual se va juntando en el interior de este instrumento. Este líquido así filtrado, denominado sut’u, se trasvasa a otros recipientes más pequeños llamados wich’i, de los cuales se pasa nuevamente a otros wirkhi de gran tamaño mediante el empleo de los mathi (pequeños frutos de calabaza secos y ahuecados) para dejarla reposar.
Otras formas de preparación se realizan a partir de maíz germinado y se conocen con el nombre de wiñapu o ashwa. Hay chichas preparadas a partir de otras plantas, como aquellas elaboradas a partir de las semillas de kinuwa o quinoa (Chenopodium quinoa Willd. –Amaranthaceae–), o de kiwicha (Amaranthus caudatus L. –Amaranthaceae–), entre otras.
Mas allá de la forma tradicional indicada, los modos de preparación de la chicha son muy variados por lo que su elaboración dependerá de la región y la mano de la cocinera o cocinero que la prepare. Como se suele decir, todo tiene su secreto.
Sayri. Según las palabras de Tayta Ullpu:
El Inka Sayri tupaq cuando era jovencito se fue a pasear y un día se quedó dormido, en el sueño le aparece una señora. Le dice ven te quiero mostrar quien te quiere hablar. Él le sigue, por caminitos así [angostos y serpenteantes, y ella] le pone frente a una planta. En aquel momento era una planta desconocida todavía. Entonces le dice, Sayri tupaq le dice: _ ¿me quieres hablar? _ Si, te quiero enseñar varias cosas: me tienes que cuidar, tienes que recoger [mis hojas], con el [humo] me tienes que pedir al janan pacha, al espacio cósmico. Pero no tienes que consumir adentro porque te va a hacer daño. Hasta la garganta solamente. […] Empezó a hacer la pipa, empezó a promocionar. A partir de ese momento mejoró el Inka, Sayri tupaq por eso se llamó. Sayri es tabaco. Pero solamente para las ceremonias. Luego por otros Inkas fue llevado a Centroamérica, de ahí llega Norteamérica. Sayri tupaq, el inka Sayri tupaq es quien mejoró el tabaco. Hay siete clases de tabaco, una de ellas es que justamente era para la ceremonia con la hoja de coca y acompaña el tabaco. La hoja de coca lo consumimos, el tabaco se eleva […].
Las hojas de tabaco tienen una gran importancia para muchísimos pueblos originarios de este continente y los andinos no son una excepción. Las hojas de sayri se usan en las janp’ara, además, se emplea en las ceremonias con fines no solo espirituales sino también medicinales.
El sayri (Nicotiana tabacum L. –Solanaceae–) se ha empleado de distintas maneras. Las hojas frescas se emplean mascadas, cómo apósitos; la savia (o “jugo”) de sus hojas frescas es bebida; las hojas secas y trituradas se fuman; las hojas secas y molidas hasta obtener un polvo fino se usan como rapé el cual se esnifa (o sinja); solo por mencionar las formas más comunes de uso.
Las hojas de sayri tienen en el mundo andino una gran importancia medicinal se emplean frescas y molidas en forma de cataplasma contra los golpes; se calientan y se aplican sobre el pecho y la espalada para tratar afecciones pulmonares; se hierven y la decocción resultante se bebe como purgante; secas y reducidas a polvo se emplean como rapé para tratar la migraña y el sorojche (mal de altura); se emplean junto con aguardiente, unas gotas de vinagre y alcohol para tratar el “mal viento”; mezcladas con agua florida se emplean para tratar el “daño” y podemos seguir y seguir con sus utilidades medicinales.
Tayta nos introduce en el uso ceremonial del sayri y en su ontohistoria. Al fumar sus hojas secas y molidas en la pipa le permite al ceremoniante (aysiri) y a los participantes de la ceremonia comunicarse con él y transmitir la intención, agradecimiento o pedido de cada uno. Así, el aliento y el humo se elevan hacia el janan pacha para entablar un diálogo con los seres de ese espacio.
Koka. Si de una planta ceremonial andina hablamos, la koka es la planta por excelencia, son sus hojas el alimento espiritual del pueblo andino, el medio por el cual el cosmos se mantiene comunicado y los espacios ordenados. Dice Tayta: “[…] la hoja de koka formó parte como alimentación, como medicina, como la hoja sagrada también para la ceremonia. Estas dos hojas [koka y sayri], dos hojitas son los que realmente alimentaron durante miles de años a cada uno de los pueblos”.
El concepto de reciprocidad (ayni y mink’a) es de fundamental importancia en el mundo andino y aplica para todos los integrantes de ese mundo y la koka, no es una excepción. En relación a esta reciprocidad, un auamuta en Bolivia describió que:
[…] cuando te llevas a la boca unas hojitas [de koka] no te llevas solo unas hojas, te estas llevando el sufrimiento y el trabajo de los cocaleros que con el sudor de sus manos las juntaron; te llevas un poco del taya Inti que la hizo crecer con su energía, del wayra que movió sus hojas, de la mama yaku que se hizo nube y que se regó como lluvia para saciar su sed; te llevas un poquito de pachamama que vive en la planta porque que le dio los nutrientes y la hizo crecer. Y ahora ella te da los nutrientes que supo criar y guardar, te saca el hambre como la pachita se lo saco y te cura como la curó. No te llevas solo unas hojitas, te llevas sabiduría, te llevas al pueblo andino, su historia, a nuestros abuelos.
Todo esto ocurre cuando se pijcha (“masca”) koka, cuando se moldea el akulliku (bolo de koka mascada cuando encuentra en la boca) y se saborean sus saberes. Por eso la hoja de koka es la representación del cosmos andino y a su vez es en el cosmos andino. De igual modo debe ser el humano andino y vivir en reciprocidad.
Respecto a algunas utilidades de la koka, en las ceremonias andinas colectivas, cada participante recibe tres hojas secas de koka unidas por untu de llama (grasa de llama). Tres, una por cada espacio cósmico. Allí cada uno dialoga con la koka, con su espíritu y le da su aliento para que llegue a los tres espacios y a sus integrantes. Esas hojas, junto a las del resto y todos los alientos se juntan con otras hojas, flores, lanas y dulces, entre otros elementos ceremoniales y se transforman con el fuego en humo medicinal, terapéutico y espiritual el cual se eleva y viaja a los tres espacios.
Por otra parte, las hojas frescas de koka se aplican como apósitos para tratar los golpes y las heridas, se friccionan para combatir los dolores reumáticos y de manera tópica sobre las cienes para aliviar las mialgias; su infusión se usa contra las indigestiones, la diarrea, los cólicos y el sorojche (mal de alturas). Las hojas secas, no deshidratadas, se emplean mascadas y son un excelente aporte de calcio, magnesio y potasio; tiene acción diurética, digestiva, colerética y colagoga; da saciedad y es un excelente estimulante. Entre sus usos más conocidos el mascado es útil para evitar y para tratar el sorojche. También se emplea como odontálgico para calmar el dolor de los dientes careados. En algunos casos al mascado se adiciona con llijta que es una mezcla alcalina generalmente confeccionada a partir de cenizas de plantas (principalmente kinwa) y que tienen distintas formas, y una consistencia pétrea. Esta sustancia es útil para extraer más y mejor las propiedades de la planta.
Otra utilidad de las hojas de koka, como ya se mencionó, es que son la herramienta fundamental para el yachilli, quienes a partir de su lectura diagnostican la enfermedad. Otro de los usos fundamentales es la lectura de las hojas de koka para averiguar cuestiones económicas, si emprender o no un viaje, cómo estará el camino, encontrar un animal perdido, encontrar objetos robados, entre muchísimas otras inquietudes. De acuerdo al color de la hoja, la forma su limbo, de sus bordes, su ápice, su base; si está entera, doblada, junto a otra, asociada a una hojita pequeña, entre otras características, el yachilli interpretará y podrá guiarnos con su respuesta.
Wachuma. Según Tayta Ullpu:
Esto lo llaman muchos como San Pedro, es la wachuma. Wachuma es un cardón que existe en la parte andina, existe arriba de 2800 metros sobre el nivel del mar. Menos de 2800 hay otra variedad, pero no tiene el mismo efecto. Ahora la pregunta es ¿por qué los abuelos con conocimiento usan estas plantas sagradas? Llamamos sagradas porque en realidad no las puede tomar cualquiera, solamente los que tiene conocimiento para tomar contacto con el espíritu de la montaña, o con el espíritu del aire, o con el espíritu del fuego o con el espíritu del agua.
Este cactus columnar4, se encuentra ampliamente representado en la cultura material de distintos pueblos andinos a lo largo de la historia. Distintas cerámicas de la cultura nazca, moche, y cupisnique (Perú) –entre otras– tienen representaciones de este cactus columnar. Antiguos textiles de la cultura chavín (Perú) tienen tejido al wachuma, junto al jaguar y al colibrí. En el reconocido sitio de Chavin de Huantar, en el lado noroeste de la plaza circular, se encuentra emplazado el monolito del portador del cactus. Este representa a un amauta puma que tiene serpientes de dos cabezas trenzadas como cabello y en su cintura. Tiene colmillos en su boca y garras en manos y piernas. En su mano izquierda sostiene un wachuma. En su espalda se puede observar a modo de alas una figura en mitades. Según el arquitecto Carlos Milla Villena estas mitades podrían representar al murciélago, polinizador nocturno de la flor de este cactus. Este investigador sostiene que unas de las posibles representaciones que hicieron los antiguos es que, mediante la succión del néctar de la flor, el murciélago obtenía la capacidad de “ver” en la oscuridad y que esta sustancia además le permitía desplazarse a grandes velocidades por la noche.
En relación con lo mencionado, los momentos oportunos en los que se bebe la decocción de wachuma son por la noche. Es al anochecer cuando la planta posibilita la apertura mental, tal como la apertura de sus hermosas flores blancas. Es la noche el momento en el cual se adquiere la capacidad de desplazarse a velocidades como las que viaja el murciélago y sin que la oscuridad sea un limitante para la visión.
El wachuma es empleado por el aysiri para la realización de ceremonias especiales. Esta preparación implica la decocción de los tallos cortados en rebanada del cactus, en cocciones de larga duración hasta la obtención de un líquido espeso el cual se bebe. Como sostenía Tayta Ullpu, esta es una planta de gran poder ceremonial y a la cual se le debe ofrecer mucho respeto y son solo los mayores con conocimiento quienes la saben emplear correctamente.
El cactus, dependiendo del sitio en donde crece, el momento en que se corta y de acuerdo al número de costillas (vientos o surcos) que presenta, tiene distintas utilidades. Algunos autores sostienen que aquellos de cuatro costillas son considerados los de mayor fuerza, mientras que otros buscan preferentemente los de siete o los de ocho. En algunos casos la preparación es adicionada con otras plantas medicinales para potenciar su fuerza.
Entre sus usos medicinales se emplea el cactus fresco o seco cortado en trozos y macerado en agua ardiente del cual se bebe en pequeña cantidad como afrodisíaco; se utiliza el alcoholaturo de finas rodajas del tallo maceradas en alcohol en forma de fricciones para tratar el reumatismo; rodajas cortadas del tallo y calentadas al fuego se emplean como cataplasmas para tratar hernias y colocadas en la nuca se emplean para tratar trastornos nerviosos. La corteza primaria del tallo seca y molida se disuelve en agua con azúcar quemada y se coloca al sereno durante dos noches seguidas, la preparación resultante se usa en caso de indigestión.
Por otro lado, es muy común encontrar plantas de wachuma en las puertas de algunas viviendas ya que se le atribuye funciones protectoras. Se dice que la planta ante la presencia de malas intenciones silva para avisar a los residentes y proteger el hogar.
El wachuma, según indicaba Tayta Ullpu, es clasificado como masculino porque crece hacia el janan pahca y se usa su tallo. La achakana (Neowerdermannia vorwerkii Frič –Cactaceae–) es femenina porque crece hacia ukhu pacha y se consume su raíz como un alimento muy nutritivo. Estas dos cactáceas se emplean en dualidad.
Palabras finales
Pensar a las plantas haciendo foco en uno o varios compuestos químicos con acción fisiológica las reduce a fábricas de principios activos útiles vaciándolas de toda vitalidad. Estas breves reflexiones, basadas en las enseñanzas de Tayta Ullpu, permiten entender que las plantas existen en un todo con el resto de los seres que habitan el cosmos y es posible, por lo tanto, entablar otros tipos de comunicaciones como lo hacen otros pueblos, entre ellos la nación qheshwa.
En nuestra cosmología occidental cada vez más agrietada, van apareciendo rendijas por donde se escapan mundos y posibilidades de interpretación y son los mayores con conocimiento, como Tayta Ullpu y tantos otros, los que invitan con su generosidad y su sabiduría a pensar, no otras formas de ver el mundo, sino otros mundos posibles que pueden convivir. Finalmente, en palabras de Tayta Ullpu:
Cuando decimos que se cura espiritualmente es con las ceremonias, con las hierbas medicinales, ¿no? A veces eso desde la ciencia se tomó como una brujería, como que no tiene nada, como que no saben, son ignorantes. Bueno, pero.. ojalá que la ciencia entendiera el conocimiento de los pueblos originarios y ponernos en contacto para trabajar juntos. Lo que ellos no pueden curar, los originarios a lo mejor pueden curarlo. Lo que los originarios no pueden curar a lo mejor la ciencia lo puede curar. Pero falta, falta ese tramo.
Bibliografía
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1 Carmelo Sardinas Ullpu “Tayta Ullpu”. Aysiri, yuraq kuntur, nacido en la antigua Nación Wisijsa, actual comunidad Jatun Ayllu T’urupalqa, Provincia Norchichas, Potosí, Estado Plurinacional de Bolivia.
2 Trichocereus spp. y Echinopsis spp. –Cactaceae–.
3 Según indica Tayta Ullpu existen diferentes tipos de chicha, entre ellas la morada que es masculina (hecha con maíz morado), amarilla que es femenina (hecha con maíz amarillo) y blanca que es neutra (hecha con maíz blanco). Es imprescindible aclarar que las clasificaciones populares muchas veces difieren de las clasificaciones botánico-taxonómicas empleadas por las ciencias naturales.
4 Trichocereus macrogonus var. pachanoi (Britton & Rose) Albesiano & R.Kiesling –Cactaceae– y Trichocereus macrogonus var. peruvianus (Britton & Rose) Lodé –Cactaceae–. Estas dos especies son empleadas en Perú y en el Estado Plurinacional de Bolivia. Otra especie nativa del Estado Plurinacional de Bolivia es Echinopsis lageniformis (C.F.Först.) H.Friedrich & G.D.Rowley –Cactaceae–. Es esta última la más empleada en ese país.
