Método biográfico
Artículo
Método biográfico: recorrido, conceptualizaciones y aplicación en un estudio de caso sobre un secretario nacional de drogas en Argentina
Biographical Method: Development, Conceptualizations, and Application in a Case Study of a National Drug Policy Secretary in Argentina
Fausto Gabriel Ferreyra · Centro de Estudios e Investigaciones Laborales, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas / Laboratorio de Estudios Interdisciplinarios sobre Cannabis, Enteógenos y Políticas de Drogas, Universidad Nacional de Quilmes. Correo electrónico: faustogabrielferreyra@gmail.com · ORCID 0000-0002-3145-094X
Resumen
Este artículo busca realizar una presentación general del método biográfico, revisando sus dimensiones conceptuales y técnicas más salientes, así como explorando su aplicación en un estudio de caso abocado a reconstruir la trayectoria de vida previa de un secretario nacional de drogas en Argentina para comprender su designación en el cargo. Para ello, el trabajo primero realiza una revisión del recorrido histórico del método biográfico; examinando sus inicios en la sociología, las principales transformaciones que fue atravesando a lo largo del tiempo y las obras que signaron su desarrollo. Adicionalmente, distingue distintos lentes epistemológicos desde donde puede ser usado el método y resume aspectos básicos que hacen al diseño de su utilización. Finalmente, desde la sociología política y tomando como objeto la dinámica de interacción socio-estatal, el trabajo recurre al método para comprender el llamativo nombramiento, en el año 2013, del sacerdote Juan Carlos Molina al frente de la entonces Secretaría de Programación para la prevención de la Drogadicción y la lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR).
Palabras clave · Metodología cualitativa; Método biográfico; Historias de vida
Abstract
This article seeks to provide a general overview of the biographical method, reviewing its most salient conceptual and technical dimensions while exploring its application in a case study aimed at reconstructing the life history of a national drug policy secretary in Argentina in order to understand his appointment to the position. To this end, the article first reviews the historical development of the biographical method, examining its origins in sociology, the main transformations it underwent over time, and the studies that shaped its development. Additionally, it distinguishes between different epistemological lenses through which the method can be employed and summarizes the basic aspects involved in designing its application. Finally, drawing on political sociology and taking state-society interaction dynamics as its object of analysis, the article employs the method to understand the appointment, in 2013, of priest Juan Carlos Molina as head of SEDRONAR, the national drug policy agency.
Keywords · Qualitative methodology; Biographical method; Life story
Introducción
Trayectoria de vida, narración biográfica, historia de vida, relato de vida, entre otros, constituyen términos que se refieren a distintas acepciones del interés de las ciencias sociales por la biografía. El denominado método biográfico, en términos generales, involucra un conjunto de procedimientos de metodología cualitativa para la recolección, ordenamiento y análisis de datos sobre la vida de los individuos en su contexto social (Mallimaci y Giménez Béliveau, 2006; Meccia, 2021).
Este trabajo realiza una presentación general del abordaje biográfico, revisando sus dimensiones conceptuales y técnicas más salientes, así como explorando su aplicación en un estudio de caso abocado a reconstruir la trayectoria de vida pública de un secretario nacional de drogas en Argentina. En el primer apartado se realiza una revisión del recorrido histórico del método; examinando sus inicios en la sociología, las principales transformaciones que fue atravesando a lo largo del tiempo y las obras que signaron su desarrollo. El segundo distingue distintos lentes epistemológicos desde donde puede ser usado el método y resume aspectos básicos que hacen al diseño de su utilización. La tercera sección ilustra su aplicación en un estudio de caso desde la sociología política. Allí, tomando como base un estudio previo del autor (Ferreyra, 2023), se busca reconstruir la trayectoria de vida detrás de una designación presidencial en el organismo nacional de drogas en Argentina.
Historia de la historia de vida
Si bien se ubican algunos antecedentes en la antropología, quienes han reconstruido su devenir histórico coinciden en localizar el germen más articulado de la historia de vida en la sociología de la Escuela de Chicago, durante la década de 1920. Según Goodson (2001), la obra que dio el paso fundacional fue El campesino polaco en Europa y en América, publicada entre 1918 y 1920 y escrita por Florian Znaniecki y William I. Thomas, ambos vinculados a dicha institución. Como señala Becker (1970), el interés sociológico por las biografías no irrumpió en ese espacio y tiempo movilizado por inquietudes epistemológicas o enigmas teóricos. Más bien, se configuró como una herramienta apropiada para asistir a un particular interés por las problemáticas urbanas que asediaban a una metrópoli en plena expansión. Una mirada rápida sobre los tópicos que atraparon la atención de los chicaguenses en aquel momento revela la centralidad de la marginalidad y la “desviación”, asuntos que luego se consolidarían como insignia de la Escuela. De ahí que el inmigrante, el delincuente juvenil, el vagabundo, el pandillero, entre otras figuras de los márgenes, fueran los recurrentes protagonistas de las primeras historias de vida.
No obstante, la adopción de esta herramienta metodológica también encontraba impulso en una particular concepción de dicho tipo de problemas sociales. Entendidos como propios de una otredad, abrían paso a la pregunta por su punto de vista y experiencia. Materias que, como muestra Goodson (2001), se comprendían escurridizas a los abordajes macrosociales o estadísticos y, por tanto, demandaban una aproximación detallada y de primera mano vertida por quienes las encarnaban. A su vez, lo dicho por Becker (1970) permite observar que el instrumento ganaba especial sentido en un esquema de investigación localmente anclado que pretendía acumular conocimiento sobre su ciudad. En ese marco de trabajo sociológico inaugurado y liderado por Robert E. Park, la realización de historias de vida sobre lugares o personalidades determinadas se visualizaba como la confección de piezas que sumaban a un mosaico citadino más amplio. Así, se buscaba que historias de vida aparentemente dispersas pudiesen informarse mutuamente y agregarse a una historia mayor: la de Chicago.
Los trazos gruesos que interconectan metodológicamente dichos trabajos destacan la centralidad de la selección de una cantidad reducida de casos —muchas veces focalizándose en un único individuo—, la cercanía prolongada y densa familiaridad con el objeto de estudio y la reconstrucción histórica de lo observado. En paralelo, siguiendo a Becker (1970), más allá de su anclaje local y motivaciones iniciales, las derivaciones analíticas de estas investigaciones evidenciaban con claridad la pretensión de contribuir a conceptualizaciones más generales. Así, la aproximación en profundidad sobre casos singulares no perdía de vista la utilización de categorías teóricas, las cuales se deducían de un enfoque ontológico y epistemológico particular, y se irían sistematizando a lo largo del siglo XX.
En línea con lo señalado más arriba, Becker (1970) y Goodson (2001) entienden que uno de los rasgos fundamentales de dicho enfoque original fue la trascendencia de la subjetividad en la configuración de la realidad social. La indagación con eje en el devenir individual ganaba especial sentido bajo el supuesto de que las acciones responden esencialmente a lecturas subjetivas de las situaciones que las enmarcan. Nuevamente, esta idea otorgaba gran relevancia epistemológica a la interpretación como instrumento necesario para comprender el punto de vista del sujeto bajo estudio. De allí que las descripciones y argumentos esbozados en esta serie inicial de trabajos se elaboran en apelación a nociones que orbitan en torno al individuo y la acción antes que desarrollarse en clave estructurales o sistemáticas.
Para Becker (1970), esta perspectiva detrás de los primeros abordajes biográficos redunda en importantes ganancias heurísticas para las ciencias sociales. Una de ellas es que ayuda a reconocer y combatir prejuicios y sesgos. Entiende que el descubrimiento de subjetividades echa una luz distintiva sobre los fenómenos sociales, sobre todo cuando se trata de aquellos comúnmente estudiados desde perspectivas institucionales o estructurales. El reconocimiento del punto de vista del individuo, según él, revela deficiencias en las teorías existentes, mejora su alcance y estimula nuevos interrogantes. A esta consideración epistemológica, Goodson (2001) le encuentra una implicancia política. Comprende que el interés interpretativo que impulsó las primeras investigaciones desde este enfoque guarda la capacidad de otorgar voz a los sujetos subordinados. De tal manera, esta clase de abordaje parece brindar la oportunidad de eludir la imposición de categorías que, según entiende, reproducen relaciones de poder e invisibilizan la experiencia de determinados sectores sociales.
Además de esta clave interpretativa, el enfoque biográfico chicaguense revelaba un prisma ontológico que resaltaba el carácter procesual de su objeto. En este sentido, Becker (1970) aduce que la proximidad y detalle que habilita el enfoque permiten observar con mayor claridad el desenvolvimiento de los procesos que hacen a los individuos y su realidad social. Goodson (2001) coincide con esta apreciación al remarcar que la riqueza de esta técnica reside precisamente en ubicar al presente individual en el marco de un recorrido temporal, un tipo de análisis que obliga a sortear el alto grado de “presentismo” que caracteriza a parte del estudio social. Meccia retoma con aún mayor énfasis esta lectura para sostener que el enfoque biográfico de Chicago develó que “las acciones sociales son procesos” (2021: 29). Es decir, que permitió reconocer el pasado constitutivo de las acciones presentes, el cual se encuentra signado por aprendizajes y ajustes que se van sucediendo en el tiempo a lo largo de los espacios en que transita el agente.
De acuerdo con Goodson (2001), uno de los primeros intentos por sistematizar y ofrecer una guía para la aplicación de este método fue realizado por John Dollard, también vinculado a la Universidad de Chicago, con su libro Criteria for the Life History, publicado en 1935. Convencido de su potencial heurístico y adaptabilidad, en la introducción de la obra sostiene que el método presenta una utilidad que trasciende el campo de la sociología y llama a su difusión en la psicología, el trabajo social, los estudios culturales, entre otros. Tal vez por ello mismo es que allí ofrece una definición inicial lo suficientemente básica y operativa de la historia de vida como “(…) a deliberate attempt to define the growth of a person in a cultural milieu and to make theoretical sense of it.” (Dollard, 1949[1935]: 3). Más allá de su vocación transdisciplinaria, esta descripción revela una inquietud adicional de Dollard que iría permeando los debates en torno a la historia de vida.
Si se acepta que la traducción más apropiada para “define” en el contexto de la cita recién transcripta es “explicar”, Dollard parece estar concibiendo la aplicación del método con un propósito distinto al de la interpretación. La identificación de causas exteriores a la percepción del sujeto parece cobrar más fuerza. En este mismo sentido, aunque ciertamente el individuo conserva su protagonismo, la alusión al “ambiente cultural” conlleva la incorporación analítica de factores que exceden la experiencia subjetiva de quien es objeto de estudio.
Coincidentemente, Goodson (2001) apunta que el trabajo de Dollard exhibe un particular interés por la relación entre la conducta individual y la estructura sociocultural, que en parte se entiende por el contexto de su desarrollo. Becker (1970) y Goodson (2001) dejan entrever que, por entonces, la historia de vida se encontraba bajo una ola de cuestionamiento y transformación agitada por la creciente imposición de los métodos cuantitativos, las técnicas experimentales y las perspectivas que reorientaban su interés teórico del individuo hacia la situación o estructura social. Así, entrada la década de 1930, el interés sociológico por los procesos biográficos se iría disipando para recuperarse como agenda consciente recién en los años 1970 y 1980.
Por fuera de la sociología, el método continuaría gozando de relevancia y siendo objeto de reflexión. En lo que se refiere estrictamente al campo sociológico, Meccia (2021) y Goodson (2001) concuerdan en encontrar en la figura del francés Daniel Bertaux un decisivo reimpulsor del método, quien coordinaría una obra colaborativa de referencia publicada en 1981: Biography and Society; un esfuerzo por volver a colocar, a partir de discusiones conceptuales y estudios de caso, en la caja de herramientas del científico social las técnicas biográficas. En parte, la crisis de la hegemonía de los estudios macrosociales y el giro posmoderno estimularon esta revitalización (Goodson, 2001).
Según Meccia (2021), el contexto actual atravesado por la “caída de los grandes relatos” en torno a la familia, el sexo y otras tantas instituciones, potenciado posteriormente por los avances recientes en la tecnología de la comunicación y socialización, fomentó una proliferación en la escala y variedad de relatos del “yo”. Entiende que este cuadro ha resignificado la utilidad de los métodos concentrados en el nivel individual. Particularmente, apunta que la disolución de los ordenamientos tradicionales que ha llevado a la emergencia de individualidades más reflexivas y analizadas ha reinsertado “a la biografía subjetiva” en el centro de las preocupaciones epistemológicas del método. Pero, adicionalmente, ha llamado la atención sobre la importancia de examinar el modo en que esa biografía es narrada. Este “giro discursivo”, focalizado en las formas de enunciación, nominación y estructuración narrativa, representa una de las expresiones más destacadas de la actualidad del método (Meccia, 2021).
Conceptualizaciones y bases para el diseño
Retornando a la definición amplia con la que se inició este trabajo, el llamado método biográfico es, entonces, una técnica cualitativa centrada en rastrear y analizar una o varias vidas individuales, sea de manera segmentada o en su totalidad, en el contexto social en que se desarrollan (Mallimaci y Giménez Béliveau, 2006; Meccia, 2021).
En línea con la reconstrucción histórica realizada en el apartado anterior, estos autores identifican dos vertientes centrales hacia el interior de este enfoque metodológico. Una primera variante es el relato de vida (life story). En esta modalidad, la narración del sujeto ocupa un lugar central y se procura reducir la intervención interpretativa del investigador. Siguiendo a Meccia (2021), el interés se concentra más en reconstruir experiencias vividas que en establecer hechos por sí mismos. Dicho de otro modo, los hechos se abordan ante todo como representaciones que la memoria de las personas recupera. Esto no supone abandonar los hechos históricos: una tarea central consiste, justamente, en vincular las distintas significaciones individuales del pasado con el contexto en que fueron producidas (Ferrarotti, 2007).
Esta perspectiva concede primacía a la construcción subjetiva de la realidad social y personal. En términos epistemológicos, ello desplaza el énfasis hacia la comprensión del punto de vista del sujeto y de la lógica con que organiza su experiencia, antes que hacia una pretensión explicativa. La operación de estas definiciones en la teoría social, coherentemente, coloca al agente en la primera plana de la empresa investigativa, mientras que las variables estructurales son vistas como trasfondo o epifenómenos. Estas concepciones teóricas y metateóricas suelen inscribirse en una agenda crítica de las ciencias sociales modernas. Resaltan su carácter de construcción social parcial emanada de sectores privilegiados y se proponen, en contrapartida, recuperar la voz “silenciada” de las franjas subalternas (cfr. Ferrarotti, 2007; Pujadas, 2000).
En esta variante, los relatos en primera persona constituyen el insumo principal. La narración autobiográfica del sujeto funciona como unidad de análisis, ya sea considerada en sí misma o puesta en relación con otras. En este sentido, las técnicas empleadas procuran minimizar la intervención de interrogantes o prenociones de quien investiga. Tanto las fuentes orales como escritas incentivadas por la investigación poseen un potencial informativo que resulta provechoso complementar. Encomendar el registro escrito de hechos pasados o presentes tiene la ventaja de ceder mayor espacio a una reflexión pausada y desafectada por la presencia de la investigadora. Por su parte, las entrevistas abiertas permiten capturar entonaciones, gestos, silencios y emociones al mismo tiempo que habilitan la espontaneidad y la estimulación activa del recuerdo, incluso a través del uso de documentos personales como álbumes de fotos, cartas, diarios, etc. (Pujadas, 2000).
Mallimaci y Giménez Béliveau (2006) distinguen esta modalidad de la historia de vida en sentido estricto (life history). Aquí la intervención analítica del investigador adquiere mayor peso y la reconstrucción de los hechos históricos cobra más relevancia frente a la memoria biográfica (Meccia, 2021). En esta variante la voz del sujeto estudiado, sin perder peso, se complementa y matiza con otras fuentes de datos. Documentos escritos, fotos y discursos de otros actores complementan la visión del individuo. Su propósito central es interpretar el recorrido biográfico desde la mirada del sujeto, pero al servicio de interrogantes que el investigador trae de antemano.
Se trata, en definitiva, de un abordaje ontológicamente más cercano a variantes del realismo y epistemológicamente orientado por la identificación de factores descriptivos y explicativos que exceden la percepción del sujeto cuya biografía se estudia. Suele ponerse en operación en investigaciones fuertemente estructuradas en torno a un interés empírico o teórico previo que guía la recolección y examinación de datos. De tal manera, en contraposición al prisma anterior, el testimonio del sujeto puede incluso ser tomado como un fenómeno afectado por variables exógenas a su interpretación.
La aplicación del método biográfico, como en cualquier otro caso, depende de su pertinencia para responder a la pregunta que guía la investigación, así como de la factibilidad de acceso a las fuentes que permitan desarrollarlo adecuadamente. De optar por su uso, sea en la variante life story o life history, es necesario considerar algunos aspectos comunes y básicos que hacen al diseño de su aplicación. En este respecto, Mallimaci y Giménez Béliveau (2006) apuntan tres tópicos ineludibles a tener en cuenta en la preparación de una historia de vida.
En primer lugar, llaman la atención sobre la relevancia del “muestreo” o la selección de casos. Esa elección depende, ante todo, de la pregunta que guía la investigación. Por ejemplo, si lo que interesa es lograr captar relatos que informen acerca de distintos grupos, puede ser conveniente intentar maximizar la representación de los individuos que sean sujetos de análisis. En segundo lugar, advierten que toda historia de vida exige delimitar un eje temático que ordene la aproximación al recorrido vital del individuo. Lo que separa a esta técnica de la biografía es que no reconstruye la vida entera, sino que recorta uno de sus aspectos a través del filtro del problema de investigación. Finalmente, los autores destacan que los relatos de vida son diacrónicos desde el punto de vista del sujeto; es decir, percibidos como una continuidad, y deben ser holísticos desde la perspectiva del investigador siempre que el desarrollo biográfico transite por múltiples contextos con los que interactúa. Precisamente, como señala Shantz (2009), conectar lo personal con lo contextual constituye un objetivo primordial que atraviesa las variadas formas de investigación social sobre biografías.
En lo que concierne a la recolección de datos, la entrevista abierta en profundidad se presenta como una técnica sumamente adecuada para este método de investigación (cfr. Mallimaci y Giménez Béliveau, 2006; Meccia, 2021). Su grado de apertura y estructuración estará en función de la variante en uso y del momento de la investigación. En los enfoques de tipo life history es probable que se cuente con un cuestionario que ayude a recolectar datos sobre hechos que se estiman relevantes de antemano, mientras que en la life story se recurre a una guía menos rígida que habilite la emergencia de impresiones de la propia entrevistada. No obstante estas pretensiones, es necesario recordar que los resultados de una entrevista son, ineludiblemente, producto de una interacción dialógica la cual, particularmente en el caso del método biográfico, remite a un pasado inexacto; aspectos que en su conjunto hacen difícil asumir la ausencia de condicionamientos, errores y sesgos en su recreación (Sanz Hernández, 2005).
En cualquier caso, el abordaje cronológico, que parte del registro de datos básicos hasta la profundización gradual sobre eventos o áreas laxas de interés más cercanas en el tiempo, suele ser el camino recorrido en estas entrevistas. Además de tener en cuenta los aspectos éticos y legales previos, como el consentimiento informado y el permiso de grabación, es necesario tener en cuenta buenas prácticas a lo largo de las entrevistas para maximizar su potencial informativo. Jessee (2019) enfatiza, por ejemplo, la importancia de respetar los tiempos de la entrevistada y hacer varias sesiones de ser necesario, minimizar las interrupciones, aunque intentando guiar o estimular su memoria y reflexión, y mantenerse perceptivo de su disposición a hablar sobre ciertos temas, sobre todo en investigaciones que puedan evocar eventos íntimos o traumáticos.
De resultar oportuno, las entrevistas pueden ser complementadas con fuentes documentales. En el caso de los abordajes de life story, como ya se mencionó, el uso de documentos se encuentra en gran medida subordinado a la entrevista. Son mayormente empleados durante su realización para activar la memoria de la entrevistada, conseguir apreciaciones sobre eventos particulares o sugerir caminos analíticos omitidos. Al margen de esto, también pueden ser de utilidad para reunir lecturas sobre los eventos o contextos experimentados y recreados por el individuo que provengan de otros actores o ámbitos sociales, como pueden ser el Estado o la academia, para resaltar las particularidades de los relatos individuales (Jessee, 2019).
Si lo que interesa, en cambio, es reconstruir hechos históricos, las fuentes documentales adquieren mayor trascendencia. Aquí es importante rastrear, analizar e interpretar estas fuentes vis-à-vis las consideraciones del entrevistado, procurando no otorgar una preeminencia metodológica a estas últimas. Es decir, no tomando como unidad de análisis primordial dichas consideraciones como tampoco permitiendo que condicionen excesivamente la recolección de fuentes documentales. Por ello, el relevamiento de documentos debe seguir un proceso cuidadoso orientado por la exploración y triangulación. Para el desarrollo de la recolección, ordenamiento y examinación de las fuentes es también útil el abordaje cronológico. A modo de ilustración, se puede construir una base de datos en donde las fuentes se organizan temporalmente para su análisis en filas y se resaltan dimensiones de interés en columnas.
Aplicación en una investigación de sociología política: un sacerdote en la SEDRONAR
Esta última sección busca ejemplificar la aplicación del método biográfico a partir de un estudio de caso. Se reconstruirá el recorrido biográfico público de Juan Carlos Molina, un sacerdote salesiano que pasó de ejercer su labor pastoral en una pequeña ciudad de la provincia de Santa Cruz (Argentina) a comienzo de los 2000 a ser secretario de Estado en la Secretaría de Programación para la prevención de la Drogadicción y la lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR) de la Nación a partir del año 2013. ¿Qué trayectoria de vida permitió el inusual nombramiento de un cura salesiano en una dependencia pública de rango ministerial encargada de la política de drogas y cuyas filas de conducción estuvieron históricamente ocupadas por médicos y abogados de carrera política? Este interrogante ha demarcado el objeto de estudio de un trabajo previo del autor (Ferreyra, 2023) y vale retomarlo parcialmente aquí para ilustrar la aplicación del método biográfico.
Establecida en 1989 en el ámbito de la Presidencia de la Nación, la SEDRONAR se creó para asistir directamente “al Presidente de la Nación en la programación y en la coordinación de la lucha contra el tráfico ilícito y el uso indebido de drogas” (PEN, 1989). Así, asumía una función dual que articulaba tareas de programación tanto en el área de seguridad como en las de prevención y tratamiento.
Dicho esto, que un miembro del clero haya ocupado un cargo de alto rango es una excepcionalidad que excede por mucho la historia de esta secretaría en particular. Al margen de esto, las credenciales de quienes precedieron a Molina arrojan contornos adicionales a esta atipicidad. Al observar el nivel educativo de quienes estuvieron previamente al frente de la SEDRONAR, se advierte que, de ocho, siete contaban con estudios universitarios, principalmente en derecho y profesiones sanitarias.1 Esto encuentra cierto sentido a la luz de las funciones de la dependencia.
No obstante, al analizar la trayectoria profesional de los designados, resalta el carácter eminentemente político de la secretaría. Siete de los secretarios anteriores a Molina contaban con antecedentes en cargos partidarios o electivos. Esto puede vincularse a la ubicación de la SEDRONAR en el organigrama, bajo la órbita directa de la presidencia.
Frente a esta tendencia general, el nombramiento de Molina resulta llamativo. Un análisis del estado del conocimiento revela que la educación y la profesión son tenidas como variables sociales sumamente relevantes a la hora de comprender la designación de ministros (Giorgi, 2014a, 2014b; Canelo, 2012; Gené, 2012, entre otros). Dicho de otro modo, cada cartera muestra cierta regularidad en el perfil educativo y profesional de quienes la conducen. No obstante, como se mencionó, SEDRONAR ha estado predominantemente encabezada por médicos y abogados de carrera política. Por tanto, a la luz de este patrón, las conceptualizaciones disponibles en el estado del conocimiento no logran dar cuenta del nombramiento de un sacerdote sin carrera política como Molina. De allí es que el caso merece un estudio en profundidad y diacrónico como la historia de vida que permita reconstruir el recorrido biográfico que llevo a ese evento.
Se trata de un interrogante que devela un interés por factores explicativos de un fenómeno particular antes que remitir al análisis de interpretaciones subjetivas de quien lo protagonizó. Por tanto, retomando algunos tópicos elementales para la preparación de una historia de vida, se advierte que la pregunta de investigación indica el alcance de su muestra: la biografía de Molina. En segundo lugar, el eje temático del estudio gira en torno a las condiciones que auspiciaron su designación como funcionario. La dimensión pública de la vida de Molina es, por tanto, el foco de análisis, especialmente en lo que concierne a las relaciones que construyó y, al mismo tiempo, lo fueron construyendo como candidato a la SEDRONAR.
Para este estudio de caso, el análisis documental y las entrevistas fungieron como herramientas centrales para la recopilación de datos. En cuanto al primer aspecto, se relevaron decretos nacionales y provinciales, resoluciones ministeriales, documentos y comunicados oficiales, artículos de prensa, portales de internet y publicaciones de redes sociales digitales. Respecto a las entrevistas, estas fueron conducidas presencialmente con Molina en tres oportunidades entre los años 2016 y 2019. Este corpus empírico es el mismo empleado en Ferreyra (2023).
Antes de avanzar, resulta imprescindible reparar en algunos supuestos teóricos que guían este análisis. El objeto de estudio aquí es el Estado. Y se lo concibe desde una mirada relacional que toma en consideración tanto su complejidad interna como también la diversidad de interacciones que sus referentes mantienen con actores externos a sus contornos formales (Hevia de la Jara, 2009) para iluminar el campo de fuerzas sociales que impacta sobre los diversos posicionamientos y decisiones que allí se producen. En coherencia con lo dicho, Gurza Lavalle et al. (2019) remarcan que los arreglos institucionales del Estado y las decisiones de política pública deben ser concebidos en tanto construcciones que suceden a procesos históricos de interacción entre actores estatales y sociales. Ese proceso de interacción, sostienen, puede dar lugar a instituciones que condensan intereses y valores de actores sociales y vuelven favorable para ellos la actuación estatal.
En lo que sigue, entonces, se realiza un análisis relacional de la historia de vida de Molina en la sociedad civil, donde creó una fundación de asistencia a jóvenes en situación de vulnerabilidad y entabló vínculos interpersonales con funcionarios jerárquicos que le permitieron conseguir logros institucionales cada vez más relevantes. El proceso de interacciones socioestatales que dinamizaron este recorrido biográfico del sacerdote se erige como una condición determinante de su nombramiento a la vez que permite comprenderlo como el más alto de una secuencia incremental de logros institucionales. Es decir, una secuencia que redundó en resultados cada vez más favorables para el sacerdote y su organización en términos de inserción en el Estado.
3.1 De la iglesia a la sociedad civil
La trayectoria pública del sacerdote Molina comienza en la provincia de Santa Cruz durante la gobernación del futuro presidente Néstor Kirchner. Tras su ordenación como cura en Buenos Aires, allí había sido encomendado en el año 2000 para desempeñarse como vicario parroquial en una pequeña localidad cercana a la capital provincial.
Además de realizar su labor sacerdotal, le fue encomendado administrar el oratorio local. Se trata de un espacio pedagógico y recreativo de larga tradición en la congregación salesiana, de la cual Molina era miembro (Molina, entrevista personal, 29/06/2016).
Ahora bien, en su vinculación con los núcleos jerárquicos de la Iglesia, Molina entiende que siempre predominaron desacuerdos políticos e institucionales: “soy sacerdote, pero en disenso. Me peleo mucho con los obispos” (entrevista personal, 29/06/2016). Ese desacuerdo, en su lectura, es uno de los factores que explican el nacimiento de su fundación.
Parte de aquella disconformidad, argumenta Molina, surgía de la falta de intervención de la Iglesia local en las áreas problemáticas que aquejaban a ciertos segmentos específicos de las poblaciones juveniles en situación de pobreza, en sus palabras: “(…) los pibes más complicados. Pibes chorros, pibes presos, con problema de drogas” (entrevista personal, 13/02/2017). Según comprende, ganar incidencia allí requería una expansión territorial que la organización clerical de aquella localidad no estaba dispuesta a realizar. Fue esta circunstancia la que, en parte, propició el inicio de su emprendimiento civil:
(…) empiezo la fundación. En ese galpón, al margen de la Iglesia. Porque en ese momento la Iglesia no quería trabajar con esos pibes, estaba muy centrada en los colegios. No se querían meter en una zona nueva (…). Estaba armado de tal manera que los pibes más complejos no llegaban. Entonces tenés que salir al territorio (entrevista personal, 13/02/2017).
Más allá de estas condiciones que emergían del interior de la Iglesia, el apartamiento de Molina de sus funciones ministeriales y la construcción de su propio emprendimiento necesitó un factor adicional: su relación con Alicia Kirchner. Ministra de Asuntos Sociales de la provincia bajo el gobierno de su hermano, fue ella quien, comenta el sacerdote, le sugirió crear una fundación (entrevista personal, 13/02/2017). De acuerdo con su testimonio, el vínculo se originó en una ocasión, en cierta medida protocolar, convocado por la propia ministra. Fue allí que Molina dice haber encontrado la oportunidad para la obtención de un beneficio y el establecimiento de una relación sedimentada en el tiempo a partir de la exhibición de su objetivo organizacional y los medios requeridos para alcanzarlo. Desde entonces ese vínculo proveería las condiciones materiales para las intervenciones de la fundación y, con ellas, la atención de problemas sociales que resultaban sensibles para los funcionarios provinciales.
Ya habíamos encontrado un galpón y ya venía planeando de armar un centro para los pibes ahí, porque en frente había un barrio muy difícil. (…) Pero no tenía vidrios, gas, nada. Entonces viene Alicia y me pide la audiencia, la recibo (…) Venía a tantear quien era yo en realidad. Termina de hablar y le digo: ‘Necesito que venga a conocer un lugar’. (…) Y nos fuimos del (…) centro hasta la costanera donde estaba el galpón. Entramos, y nunca me voy a olvidar de este gesto, (…) me dice: ‘¿que necesitas para acá?’. Le dije: ‘los vidrios, el gas, arreglar los baños’. Bueno, a la semana yo tenía el gas, el vidrio y demás. Y ahí empecé a trabajar con los Kirchner (entrevista personal, 13/02/2017).
En este hecho recordado por Molina, en primer lugar, ya se observa en operación un mecanismo que sería, de allí en más su principal capital para la obtención de beneficios institucionales que favorezcan su desarrollo organizacional: la capacidad para mantener una presencia establecida en territorios socialmente marginados. En la narración, la propuesta de intervención de Molina es la que permite, en cierto sentido, suprimir la distancia entre el estado provincial y aquella población objetivo. Paralelamente, es importante destacar la caracterización que el testimonio presenta sobre la relación socioestatal futura que aquel evento propició. Como se verá, fue un vínculo de coordinación estratégica que terminaría traduciéndose en transferencias de recursos públicos. Un encuentro que reorientó de manera decisiva el rumbo que traía hasta entonces la trayectoria vital del sacerdote.
En agosto de 2002, por decisión del ejecutivo provincial, aquel espacio que sería coordinado por el Molina recibió una transferencia económica con el objetivo de financiar dicho acondicionamiento para el desarrollo de actividades en un amplio abanico de rubros: “talleres de carpintería, panadería, agricultura, carpintería metálica, cerámica, costura, música, apoyo escolar, comedores y deportes” (PESC, 2002). Aquella relación personal se tradujo, para el emprendimiento de Molina, en un aumento de sus capacidades organizativas, sobre todo en el acceso a recursos económicos y materiales para sus objetivos. Al año siguiente su organización ganaría reconocimiento legal a partir de la concesión de su personería jurídica bajo el nombre de “Fundación Pibes de la Patagonia” (IPJ, 2003).
Las fuentes documentales permiten rastrear, en los años siguientes, nuevos logros institucionales que redundaron en concesiones económicas y simbólicas (Ferreyra, 2023). Dichos logros fueron generados entre 2002 y 2008. Estas fuentes muestran cómo se fue sedimentando un patrón de interacción entre el Estado local y el emprendimiento de Molina, que dio forma a una vía específica de canalización de fondos públicos hacia la organización. Dichas políticas posibilitarían la adquisición de las competencias que posteriormente se tornarían en una referencia para los actores estatales. Primero habilitarían una nueva expansión territorial de la fundación y, más adelante, contribuirían a su nombramiento como secretario de Estado.
3.2. La expansión a escala nacional
A mediados del año 2007 la Defensoría del Pueblo de la Nación impuso una demanda judicial con el Estado Nacional y la provincia de Chaco a raíz de la “situación de emergencia extrema” en la que se encontraban los habitantes de las comunidades indígenas tobas radicadas en la zona del Impenetrable chaqueño. Ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación solicitó “que se los condene a que garanticen a dichas comunidades una real y efectiva calidad de vida digna” y satisfagan los derechos básicos previstos por la Constitución Nacional y los tratados internacionales (CSJN, 2007: 4.139). En dicho marco es que Molina inscribe el asentamiento de la nueva sede de su fundación en el noroeste argentino (entrevista personal, 29/06/2016). Una traslación que exenta de las necesidades políticas y capacidades organizacionales del Estado nacional resultaría difícil de figurar.
Que la organización de Molina interviniera, con respaldo estatal, en un tema prioritario para el gobierno abrió la oportunidad de vincularse con el gobernador de la provincia de destino, Jorge Capitanich. El lazo que el sacerdote y el gobernador construyeron a raíz del desembarco de la fundación en Chaco, junto con las credenciales que Molina sumó allí, serían decisivos para entender su designación en la SEDRONAR.
Hacia comienzos de noviembre de 2008 la Dirección de Personerías Jurídicas provincial registró la inscripción de la Fundación Valdocco (DPJ, 2008). Con ese mismo nombre ya se había constituido antes una organización civil en Santa Cruz, en la que Molina figuraba como fundador. Según él, la expansión de la organización por fuera del territorio patagónico fue la que obligó a modificar su nombre (entrevista personal, 29/06/2016). Rápidamente, al día siguiente de ser formalizada su existencia en la provincia del noreste argentino, la fundación fue beneficiada con una transferencia económica del Estado nacional proporcional a la tarea que le era encomendada por un valor de 1.500.000 pesos argentinos (PEC, 2008)2.
Según el documento oficial, el subsidio era cedido a fin de que la organización dirigida por Molina realizara la “construcción y mantenimiento de un centro educativo, deportivo, incluyendo comedor, cocina, talleres, pabellones para los alumnos y personal, viviendas para el personal” en una localidad del norte de la provincia. Con este propósito, el Estado local cedió allí en comodato un terreno a favor de la fundación (PEC, 2008). A estas concesiones destinadas a la nueva instancia de intervención de Valdocco se sumarían nuevas subvenciones (Ferreyra, 2023).
En marzo de 2009, la ministra Alicia Kirchner había encabezado, acompañada por Capitanich y el sacerdote Molina, la ceremonia inaugural de la nueva sede de Valdocco, presentada como una intervención auspiciada por los gobiernos nacional y provincial (Norte, 2009). La envergadura mayúscula del proyecto se correspondió con las responsabilidades asumidas.
Como puede apreciarse a través de sus publicaciones institucionales, la fundación montó su flamante complejo sobre un extenso terreno ubicado en el monte chaqueño. Seis edificaciones de envergadura, con techos a dos aguas y amplias galerías, se ordenan próximas a un gran cobertizo de chapa reservado a actividades deportivas. Maquinaria agrícola, vehículos de transporte y batanes de agua pueden verse entre los instrumentos incorporados por la fundación para la intervención (Fundación Valdocco, 2010). Dada la cantidad de personas en “situación de riesgo”, en adición a la multiplicidad de necesidades a satisfacer, la fundación concentró un conjunto de servicios y acciones que incrementaron sensiblemente su capacidad como organización en aquel territorio.
En este mismo año la capacidad de intervención de Valdocco en territorio chaqueño gozaría de un nuevo incremento. Entonces el Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de la provincia entregó gratuitamente, en otra localidad chaqueña, las instalaciones donde había funcionado una escuela primaria con vista a que la fundación instalase “una Casa Terapéutica y un Hogar” (PEC, 2010). Este constituye un hito relevante en el proceso que derivaría en la asunción de Molina en la SEDRONAR, ya que allí comenzó a funcionar la primera sede de la fundación especializada en la atención a jóvenes consumidores de sustancias psicoactivas.
Hacia ese momento, el gobernador y el sacerdote habían forjado un vínculo personal estrecho, incluso más denso que los que Molina sostenía con las autoridades nacionales. De esta manera interpreta él aquella relación: “Y ahí empieza mi relación con Capitanich. Más religioso que los Kirchner, por lo tanto, empiezo a tener una relación de cura, acompañarlo en cuestiones personales, (…) entonces empiezo a tener una relación muy estrecha con él.” (Molina, entrevista personal, 29/09/2016). Esta relación será clave para explicar la designación de Molina en la SEDRONAR.
3.3. La designación de Molina y sus condiciones de posibilidad
La secuencia de interacciones socioestatales que signaron la historia de Molina en la sociedad civil lo dotó de competencias y relaciones interpersonales relevantes para comprender su designación. Sin embargo, para dar cuenta de por qué fue nombrado en la SEDRONAR en noviembre de 2013, es necesario complementar dicho análisis con la incorporación de factores exógenos. Esos factores componen el marco contextual que volvió posible el nombramiento del sacerdote.
En marzo de 2013 un evento excepcional sacudió al mundo católico y a la Argentina: Jorge Bergoglio se convirtió en Papa. Desde esta nueva posición que revitalizaba la influencia de la Iglesia en la política local, el ex cardenal y arzobispo de la ciudad de Buenos Aires propició algunas reuniones de especial interés para este trabajo. No sólo mantuvo varios encuentros con la entonces presidente Cristina Fernández (2007-2015), sino que tuvo también una reunión en mayo de dicho año con el gobernador de Chaco, Jorge Capitanich (La Nación, 2013). Esto sucedió un mes después de que recibiera al propio sacerdote Molina en la Ciudad del Vaticano, donde, según éste último publicó en su cuenta personal de Twitter, el Sumo Pontífice le expresó su respaldo por el trabajo que venía realizando: “‘metete en todos lados, aunque te critiquen’ me dijo!” (Molina, 2013). Aunque no es posible suponer que esos encuentros fueron una condición necesaria del nombramiento de Molina en la SEDRONAR, importa subrayar las relaciones personales que ponen a la vista.
Sobre ese trasfondo de relaciones, en noviembre de 2013 la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) difundió un comunicado titulado El drama de la droga y el narcotráfico. Por un lado, el documento presentaba un diagnóstico de la situación de la venta y consumo de sustancias ilegales en el país y se manifestaba alarmada por sus consecuencias sociales, principalmente entre la población joven y en situación de pobreza:
“Cuando este mal se instala en los barrios destruye las familias, siembra miedo y desconfianza entre los vecinos, aleja a los chicos y a los jóvenes de la escuela y el trabajo. Tarde o temprano algunos son captados como ayudantes del ‘negocio’. Hay gente que vende droga para subsistir, sin advertir el grave daño que se realiza al tejido social y a los pobres en particular” (AICA, 2013).
Estas declaraciones son relevantes puesto que permiten comprender la designación de Molina no sólo como el nombramiento de una figura cercana a la Iglesia sino también como la incorporación de un funcionario competente para intervenir sobre aquellas poblaciones que se asumían como mayormente afectadas por el problema.
Por otra parte, y en congruencia con estas consideraciones, en su documento la CEA reclamaba un conjunto de “medidas urgentes” por parte del Estado nacional. Entre ellas exigía el nombramiento de un nuevo secretario en la SEDRONAR: “Lamentamos que el organismo del Estado dedicado a coordinar las políticas públicas en esta materia (…) lleve tantos meses sin tener su responsable designado” (AICA, 2013). Esto respondía a que desde marzo de dicho año la dirección de la dependencia estaba siendo ejercida por un secretario interino.
La interpelación a las autoridades gubernamentales tenía lugar días después de la derrota sufrida por el oficialismo en distritos clave durante las elecciones legislativas ese año. El 20 de noviembre de 2013, la presidenta Fernández formalizó varios cambios en su gabinete. Entre los nuevos miembros del gobierno se encontraba Jorge Capitanich, que fue nombrado entonces Jefe de Gabinete de Ministros.
Nueve días después de ser nombrado, en una conferencia ante la prensa, el flamante Jefe de Gabinete comunicaba que, tras “el retiro de las licencias ministeriales”, el sacerdote Molina sería nombrado titular de la SEDRONAR. La “experiencia en el trabajo territorial” y la “amplia vocación de servicio hacia los más pobres”, según Capitanich, eran algunas de las destrezas de Molina que lo habilitaban para ejercer el cargo que le era asignado en el marco de lo que era presentado como una “nueva estrategia de desarrollo” de la secretaría (TV Pública, 2013).
Luego de algunos días se le tomaría juramento a Molina en su acto de asunción ante la presencia de funcionarios e invitados especiales, entre quienes estaban miembros de la jerarquía de la Iglesia Católica y otras organizaciones religiosas. La influencia eclesial se haría patente cuando, luego de tomar el cargo, Molina aseguró que usaría “como una de las fuentes para su trabajo al diagnóstico de la Iglesia” (Argentina, 2013).
Del proceso incremental reconstruido hasta aquí surgió un último punto de acceso favorable a Molina, la ocupación de un cargo jerárquico dentro del Estado. Molina dirigiría la SEDRONAR hasta mayo de 2015, momento en que renunció sin dar razones públicas. Evidenciando la relevancia del vínculo personal sobre el nombramiento del sacerdote, pocos meses antes había abandonado su cargo Capitanich.
A modo de cierre
Este trabajo tuvo como objetivo disponer algunas coordenadas introductorias al método biográfico. Para ello se concentró en reseñar su evolución histórica, discutir aspectos ontológicos, epistemológicos y metodológicos involucrados en su uso, y ejemplificar su aplicación en un estudio de caso. El recorrido histórico del método permite observar los cambios que fueron sucediendo en los supuestos y propósitos detrás de su uso, pasando por un estadio mayormente interpretativista en sus orígenes, a otro más explicativo y, finalmente, a avances más recientes dentro de un modelo centrado en las estructuras narrativas y marcas del lenguaje a través del cual los sujetos recrean su vida.
La discusión conceptual del método, en la segunda sección, buscó presentar dos polos ontológicos-epistemológicos ideales entre los que ha sido utilizado el método biográfico. Se mostraron, asimismo, algunos aspectos básicos que hacen al diseño de la investigación en las variantes de la life history y la life story.
Finalmente, el último apartado procuró ilustrar la aplicación del método en un estudio en el campo de la sociología política. Más allá de los resultados concretos vinculados a la reconstrucción de la trayectoria de vida detrás de la designación de Molina en SEDRONAR, se pretendió exhibir el potencial explicativo de la historia de vida para el abordaje de casos que escapan a tendencias generales o a determinados marcos teóricos.
Declaración de conflicto de interés
El autor integra la Secretaría de Redacción de Eleusis. Revista de Estudios sobre Cannabis y Sustancias Psicoactivas. En virtud de ello, no participó en ninguna instancia del proceso de evaluación ni de la decisión editorial del presente artículo.
Notas
1. Por un lado, los abogados Julio César Aráoz (1996-1998), Lorenzo Cortese (2000-2001) y Rafael Bielsa (2011-2013). Por otro, el farmacéutico Alberto Lestelle (1989-1995), el médico psiquiatra Wilbur Grimson (2002-2004) y el odontólogo José Ramón Granero (2004-2011).
2. Tomando como referencia la serie histórica de cotizaciones producida por el Banco Central de la República (BCRA, cambio minorista) se trata de un monto entonces equivalente a $439.882,69 dólares estadounidenses.
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